José Margarito Sández Villarino fue un poeta popular, compositor musical y funcionario público nacido el 8 de abril de 1909, probablemente en San José del Cabo o en el paraje de Santa Rosa, en el entonces Distrito Sur del Territorio de la Baja California. Hijo de Margarito Sández Gastélum y Amparo Villarino Ceseña, fue un hombre de espíritu alegre, de palabra ingeniosa y de profunda sensibilidad poética. Su talento lo llevó a ser una de las figuras más representativas del arte popular sudcaliforniano, recordado por su humor, su carisma y por haber dejado huella en la historia cultural de su tierra.

Infancia y formación.

Su infancia transcurrió entre los paisajes fértiles y apacibles de Santa Rosa, rodeado de lagunas, carrizales y la compañía de sus hermanos y amigos. Desde pequeño mostró una imaginación viva y un gusto natural por la palabra.
Estudió la educación primaria en su pueblo natal y más tarde, a los dieciséis años, viajó a la Ciudad de México para continuar sus estudios en la Casa del Estudiante Sudcaliforniano, donde cursó parte de la educación secundaria. Sin embargo, la falta de recursos económicos y la nostalgia por su tierra lo llevaron a abandonar sus estudios poco antes de concluirlos. Aquella experiencia, aunque breve, marcó su visión del mundo y lo acercó aún más a la expresión poética, con la que supo retratar la vida del pueblo con sensibilidad y humor.

Trayectoria pública y artística.

De regreso en Baja California Sur, estableció su residencia en La Paz, aunque con frecuentes visitas a San José del Cabo. Fue en esa etapa donde floreció como poeta y compositor. Su ingenio lo convirtió en un cronista del alma popular, capaz de convertir los hechos cotidianos en versos llenos de ironía, ternura y picardía.
Entre sus obras más conocidas destaca la canción “Costa Azul”, considerada un himno no oficial de Baja California Sur por su lirismo y su amor a la tierra:

“Bañada por la ola rumorosa
que es beso de ternura espiritual,
semeja la sirena que reposa
arrullada por los cánticos del mar.”

También cultivó la poesía satírica, con versos que combinaban humor y crítica social. En una ocasión, al referirse al periodista Pablo L. Martínez, quien fue castigado por sus críticas al gobierno territorial, escribió con ironía:

“El ogro olímpico sacó su látigo
y con mucho énfasis lo sacudió,
en los omóplatos de aquel raquítico
que en su periódico lo profanó.”

Su poesía no solo entretenía, sino que también reflejaba la vida, los valores y los contrastes de su tiempo.

Labor social y servicio público.

Además de su faceta artística, José Margarito Sández Villarino desempeñó cargos públicos con responsabilidad y cercanía al pueblo. Fue Delegado de Gobierno en San José del Cabo, Delegado en La Paz y Inspector General de Policía. Su carácter alegre, su trato afable y su empatía con la gente lo convirtieron en un funcionario querido, capaz de mantener siempre un equilibrio entre la seriedad de su labor y la calidez de su espíritu. En reuniones sociales o actos cívicos, su presencia era sinónimo de alegría, improvisación poética y conversación enriquecedora.

Legado y últimos años.

A los 28 años, su historia se truncó de forma trágica: murió asesinado en un “lance amoroso”, víctima de un conflicto pasional que puso fin a una prometedora trayectoria artística y social.


Sus restos descansan en una modesta tumba del Panteón Municipal de San José del Cabo, donde su memoria permanece viva entre flores y canciones. En reconocimiento a su aporte cultural, desde 1973 los Juegos Florales Margarito Sández Villarino, celebrados durante las Fiestas Tradicionales de San José del Cabo, llevan su nombre. Asimismo, una calle en la colonia El Zacatal honra su legado.


Su vida fue breve, pero su voz aún resuena entre los versos que cantan al mar, a la belleza de su tierra y a la nobleza de su gente. En cada palabra suya se conserva la esencia de un hombre que vivió con alegría, amor por la poesía y un profundo compromiso con su tierra natal.