El teniente José Antonio Mijares Pérez fue un patriota y marino que ofreció su vida en defensa de la soberanía nacional durante la invasión estadounidense de 1847. Su valentía y sacrificio en San José del Cabo lo convirtieron en un símbolo del honor militar y del espíritu de resistencia del pueblo sudcaliforniano. Nacido en España, pero mexicano por convicción, su nombre quedó grabado en la historia como ejemplo de lealtad, coraje y amor a la patria.

Infancia y formación.

José Antonio Mijares nació en Santander, España, en el año 1819. Poco se conoce sobre su infancia y formación inicial, pero los registros históricos coinciden en que desde joven mostró inclinación por la vida marítima y militar, lo que lo llevó a integrarse posteriormente a las filas de la Marina de Guerra Mexicana. Su traslado a México representó un acto de fe y compromiso con los ideales republicanos y la defensa de un país que decidió adoptar como propio.

En 1842, a los veintitrés años de edad, se nacionalizó mexicano y formalizó su ingreso a la marina, iniciando una trayectoria breve pero ejemplar al servicio del país. Desde ese momento, su vida quedó marcada por el sentido del deber, el honor y la defensa de la soberanía nacional.

Servicio militar.

Como oficial de la Marina Nacional, José Antonio Mijares participó por primera vez en 1843 en un combate naval frente a las costas de Campeche, donde demostró disciplina y valentía. Tras esa campaña, se retiró temporalmente del servicio activo, pero en 1845, al estallar la guerra entre México y los Estados Unidos, decidió incorporarse voluntariamente a las fuerzas armadas mexicanas.

Su regreso al servicio coincidió con uno de los momentos más difíciles de la nación, cuando la invasión estadounidense amenazaba los territorios del norte y las costas del Pacífico. Mijares fue destinado como comandante de artillería naval en Guaymas, Sonora, desde donde contribuyó a la defensa del litoral mexicano. Sin embargo, su sentido del deber lo llevó a solicitar un traslado hacia la Península de Baja California, deseoso de apoyar directamente a los patriotas que resistían en esa región.

Trayectoria pública y militar. 

En septiembre de 1847, el teniente Mijares arribó a Baja California Sur para incorporarse a las fuerzas locales que defendían el territorio ante la invasión norteamericana. Su primera acción fue en la defensa del pueblo y puerto de Mulegé, donde colaboró con las tropas que repelieron los intentos de ocupación extranjera.

Posteriormente se dirigió a San José del Cabo, donde se unió a las fuerzas comandadas por el patriota josefino Mauricio Castro Cota, quien había sido designado jefe político territorial de Baja California por la Junta Territorial en febrero de ese mismo año. Bajo su mando, Mijares participó activamente en los preparativos para el enfrentamiento con las tropas invasoras que se habían atrincherado en la Casa Cural, edificio que actualmente ocupa la Casa de la Cultura “Profr. Alfredo Green González”.

El 20 de noviembre de 1847, en el fragor de la batalla, el teniente Mijares encabezó una maniobra decisiva: avanzar con un pequeño grupo para capturar la pieza de artillería enemiga que representaba el principal peligro para las fuerzas mexicanas. A pesar de la superioridad armamentista del enemigo, actuó con una valentía inquebrantable. Durante la acción, fue gravemente herido y cayó en combate, muriendo al día siguiente, el 21 de noviembre de 1847.

Labor social y comunitaria.

Aunque su vida estuvo dedicada esencialmente al servicio militar, la figura de José Antonio Mijares trascendió por su ejemplo moral y por el impacto que su sacrificio tuvo en la comunidad de San José del Cabo. Su entrega inspiró a los habitantes de la región a continuar la defensa de la península, logrando que el territorio de Baja California no fuera ocupado por las fuerzas estadounidenses.

El recuerdo de su gesta motivó a las generaciones posteriores a mantener viva la memoria de los héroes locales, y su nombre se convirtió en un símbolo de unidad y patriotismo. Su acción demostró que el valor y la lealtad no dependen del lugar de nacimiento, sino del compromiso con la justicia y la libertad de la nación que uno elige servir.

Legado y últimos años.

El teniente José Antonio Mijares murió en San José del Cabo el 21 de noviembre de 1847, a los veintiocho años de edad, tras haber sido herido de muerte la noche anterior durante el ataque a las fuerzas invasoras. Sus restos descansan en el Panteón Municipal de San José del Cabo, donde su tumba se conserva como sitio de honor y memoria.

Con el paso de los años, su nombre ha sido inmortalizado en distintos espacios públicos: la Escuela Secundaria “Antonio Mijares”, la Plaza Pública y el Boulevard Principal de San José del Cabo llevan su nombre como homenaje permanente a su heroísmo.

El sacrificio de Mijares representa uno de los episodios más nobles de la historia sudcaliforniana. Su muerte no fue en vano: simboliza la defensa de la dignidad nacional en una época en la que la integridad del territorio mexicano estuvo en riesgo. Gracias a héroes como él, la bandera de México continuó ondeando sobre las tierras de Baja California Sur, como emblema de independencia, coraje y amor a la patria. 

Fuente:

Holmos, F. (2025). Forjadores cabeños (Tomo I). México: s. e.