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En Cabo San Lucas, fue pulso, salto y abrazo. Las academias locales volvieron a tomar el escenario para recordarnos que la danza no tiene edad: tiene entrega. Cada presentación fue una carta de amor al movimiento, escrita con pies descalzos y corazones encendidos.
Finalizamos con un momento que nos detuvo el aliento: la entrega de reconocimientos a artistas de la danza con una trayectoria invaluable en Los Cabos. Maestras y maestros que no solo enseñaron pasos. Enseñaron disciplina, resistencia, belleza. Formaron generaciones de bailarines y bailarinas que hoy sostienen la danza cabeña.
Porque hay huellas que no se borran de la duela.
Porque hay legados que se bailan en otros cuerpos.
Porque honrar a quien enseñó, es seguir danzando.
Gracias a cada academia, a cada familia, a cada espectador que hizo de este Día Internacional de la Danza, celebrado en el Cerrito del Timbre, Cabo San Lucas, un territorio compartido.
Nos despedimos con los pies cansados y el alma encendida.
Hasta que el cuerpo vuelva a pedir pista.